Como vencer la tentación

Para comenzar es importante definir lo que es la tentación y la prueba para poderla vencer, al mismo tiempo la relación que existe entre estas. Podemos dar las siguientes definiciones:

Tentación: Es el estímulo que excita e induce al hombre a obrar mal. Luego entonces, todos los estímulos externos e internos que nos inducen a hacer lo que es malo son tentación.

Prueba: Es la razón o argumento con que se demuestra la verdad o falsedad de una cosa.

Como vencer la tentación
Como vencer la tentación

Entonces cuales son las razones de peso para vencer la tentación 

Haciendo una comparación entre las dos definiciones llegamos a la conclusión, de que las tentaciones que enfrenta el creyente por parte del tentador son en realidad pruebas que tenemos que pasar para demostrar nuestra fidelidad, rectitud y amor a Dios.

Teniendo en cuenta el siguiente pasaje bíblico: Santiago 1:12-15, 12 Bienaventurado el varón que sufre la tentación; porque cuando fuere probado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta a nadie:14 Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y seducido.15 Y la concupiscencia, después que ha concebido, pare el pecado: y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte.

¿De donde surgen las tentaciones?

Ahora bien debemos saber identificar de donde emanan las tentaciones, cuales son las fuentes que la alimentan. Aquí te hemos identificados las principales fuentes de las tentaciones:

  • Satanás:

    De acuerdo a lo que dice la Biblia, a Satanás se le reconoce como el tentador, y a la luz de Mateo 4:3 » Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.» vemos que Fue Satanás el que tentó a nuestro señor Jesucristo en el desierto tratando de interponerse en los planes divinos de Dios.

  • Satanás tienta para causar daño, destruir la fe y la obediencia y provocar exasperación y rebeldía en contra de Dios; (2ª Cor. 11:3 Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo). El diablo ha usado esta misma tentación en multitudes de seguidores de Cristo. Tales creyentes una vez tuvieron una verdadera hambre de Dios. Eran ungidos, llenos de oración, y llenos del poder del Espíritu Santo.
  • Pero entonces fueron llevados a un desierto de sufrimiento, necesidad y desesperación. Y Satanás les tentó a dudar que su prueba era dirigida por Dios. Consultar además 1ª Cor. 7:5; 1ª Tesalonicenses 3:5; 2ª Cor. 2:11; 1ª Tesalonicenses 2:18.
  • El mundo:

    Es este el escenario donde se despliega sus atractivos para tentar al creyente en los deseos de la carne, de los ojos, la vanagloria, el poder y las riquezas y con esto envolverlo intentando alejar al creyente de Dios. Cada vez se vale de más y más tretas para así hacer que el creyente dude de la fidelidad de Dios y el pacto con su pueblo  (Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo 1ª Juan 2:17). Consultar además Salmo 1:1; Génesis 39:6-10; San Juan 17:14-16.

  • El pecado que mora en nosotros:

La fuente más poderosa de tentación, sin embargo, es nuestra propia carne, ya que son nuestros deseos hacia las cosas prohibidas lo que nos seduce e induce a desobedecer a Dios. Santiago 1:13-14 Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido 14Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie.

La palabra viva en nuestros corazones hace que el fuego del Espíritu Santo arda en nuestro interior

Resistir la tentación comienza con saber que Satanás es el «tentador» supremo (Mateo 4:3; 1 Tesalonicenses 3:5) quien ha estado tentando a la humanidad desde el jardín del Edén (Génesis 3; 1 Juan 3:8). En última instancia, sabemos que el poder de Satanás sobre los cristianos ha sido destruido de manera efectiva. Esto debido a que la guerra ha sido ganada por medio de la muerte y resurrección de nuestro salvador, que conquistó el poder del pecado y de la muerte por siempre.

Pero Satanás todavía ronda la tierra buscando crear una brecha entre Dios y sus hijos, y lamentablemente sus tentaciones son una parte de nuestra vida diaria (1 Pedro 5:8). Sin embargo, con el poder del Espíritu Santo y la verdad de la palabra de Dios que nos ayuda, nos encontraremos resistiendo las tentaciones de manera efectiva.

El apóstol Pablo nos exhorta con estas palabras: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana» (1 Corintios 10:13). En efecto, cada uno de nosotros enfrenta tentaciones de alguna clase; incluso Jesús no fue inmune ya que fue «tentado en todo según nuestra semejanza» (Hebreos 4:15). Aunque Satanás es la fuerza oscura detrás de la tentación, es nuestra naturaleza humana caída y corrupta que permite que estas tentaciones echen raíces y nos haga llevarlas a cabo, por consiguiente «se da a luz el pecado» (Santiago 1:15).

¿Quién nos permite liberarnos de las tentaciones?

Pero es el poder del Espíritu Santo que nos permite liberarnos del pecado y las tentaciones con las que luchamos en nuestra vida diaria. Por lo tanto, si tenemos el Espíritu de Cristo que reside en nuestros corazones, ya tenemos lo necesario para resistir los dardos de fuego que el diablo envía en nuestro camino. Como Pablo le dijo a los Gálatas: «Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne» (Gálatas 5:16).

La palabra de Dios siempre ha sido nuestra mejor defensa contra las tentaciones de Satanás. A medida que  conozcamos su palabra y meditemos en ella, más fácil será reclamar la victoria sobre nuestras luchas diarias.

El salmista nos dice, «En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti» (Salmo 119:11). Cuando Cristo fue tentado por Satanás en el desierto, la primero que hizo fue citar las escrituras (Mateo 4:4-11), que finalmente hizo que el diablo lo dejara. De hecho, los cristianos deben ser diligentes en el estudio de la palabra de Dios. «¡¡Oh, cuánto amo yo tu ley!! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos…» (Salmo 119:97-98).

Dios te ofrece una salida de la tentación y te garantiza el éxito

Otra clave además de la palabra de Dios, la oración nos puede ayudar a resistir la tentación. La noche en que Jesús fue traicionado, oró en el huerto de Getsemaní, y le dijo a Pedro que orara «para que no entrara en la tentación» (Marcos 14:38). Asimismo, en la «oración del padre nuestro», Jesús nos enseñó a orar para que no cayéramos en la tentación (Mateo 6:13; Lucas 11:4).

Sin embargo, cuando caemos en la tentación, sabemos que «fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir», y que nos proporcionará una salida (1 Corintios 10:13). Esto es una promesa de Dios, y al igual que Abraham, los cristianos deberían estar «plenamente convencidos» de que Dios tiene el poder de hacer lo que ha prometido» (Romanos 4:21).

Una forma más que nos ayuda a resistir la tentación es recordar lo que Jesucristo hizo por nosotros. A pesar de que él nunca cometió un pecado, voluntariamente soportó el suplicio de la cruz por nosotros mientras aún éramos pecadores (Romanos 5:8).

Si no tienes a Jesucristo en tu corazón, estarás siempre expuesto a la tentación

Cada pecado que hayamos cometido, o que vayamos a cometer, jugó un papel importante cuando nuestro salvador fue clavado en la cruz. La forma como respondemos a las seducciones mundanas de Satanás, es un buen indicador en cuánto a qué tanto ocupa el amor de Jesucristo nuestros corazones.

Aunque los cristianos ya tenemos las herramientas necesarias para la victoria, necesitamos utilizar nuestro sentido común y no colocarnos en situaciones que nos hacen presa o que estimulan nuestras debilidades.

Ya estamos siendo bombardeados cada día con imágenes y mensajes que martirizan nuestras pasiones pecaminosas. No necesitamos hacer que sea más difícil de lo que ya es. Aunque el Espíritu de Cristo reside en nuestros corazones, nuestra carne a veces puede ser muy débil (Mateo 26:41). Cuando sabemos que algo es o puede ser pecaminoso, Pablo nos advierte que «huyamos de eso» (1 Corintios 6:18; 1 Timoteo 6:11; 2 Timoteo 2:22). Recuerde que, el «tentador» también es el maestro de la racionalización, y no hay límite para los argumentos que el diablo nos puede ofrecer para justificar nuestra conducta pecaminosa.

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