Meditación cristiana

El propósito de todo tipo de meditación cristiana es crear una comprensión más profunda del yo a través de la concentración y la reflexión. Lo mejor de la meditación cristiana se puede describir como una forma de conversaciones concentradas profundas con Dios.

No requiere el uso de cuentas de rogación, mantras o cualquier postura específica; es simplemente un canal para liberar la mente.

La meditación cristiana es más bien un orador contemplativo que usa la mente y es quizás la manera más eficiente de comunicarse con Dios.

Los primeros monjes cristianos leerían pasajes o versos de la Biblia lentamente y luego reflexionarían sobre los significados y mensajes de estos versículos. Lo llamaron la «lectura divina», y esta es quizás la forma más antigua de meditación cristiana. Esta forma de lecturas reflexivas de las Escrituras los llevó a tener pensamientos amorosos de Dios y su grandeza. Llamaron a esto la contemplación.

Esta experiencia de leer la Biblia, reflexionando sobre sus significados y mensajes que a su vez condujeron a pensamientos amorosos de Dios que finalmente terminaron en una profunda contemplación, llegó a ser conocida como la escalera de la oración.

 

Formas de Meditación cristiana

Durante el siglo veinte, dos formas de meditación cristiana se hicieron prominentes. El primero involucró el canto de mantras llamado Maranatha que es arameo para «Ven, Señor». La otra forma de meditación cristiana es la oración central. Esta forma usa una palabra sagrada para expresar la intención de estar en la presencia de Dios. Otra parte de esta forma contemplativa de oración es el desapego del individuo a sus problemas psicológicos.

El Método «Cinco R» de Santa Teresa de Ávila, que incluye: Preparar, leer, reflexionar, responder y resolver, es un camino de cinco pasos para completar la concentración mientras medita en el Señor.

 

El Método «Cinco R» de Santa Teresa de Ávila

Comenzar: el primer paso consiste en preparar la mente para aceptar la presencia de Dios al reflexionar sobre tu amor, devoción y fe en él. Pide perdón por tus pecados y busca un propósito para tu meditación.

Lea: Una vez que haya aceptado la presencia de Dios, el siguiente paso es leer un versículo o pasaje de la Biblia o leer una oración o incluso mirar una imagen y pensar en ella.

Reflexiona: este paso se trata de reflexionar sobre el pasaje o la oración elegida, enfocando tus pensamientos en ella y luego buscando respuestas a preguntas que forzarán a la mente a una contemplación más profunda.

Responder: Esta es la parte donde la mente es libre de iniciar un diálogo con Dios. Cuando hayas llegado a esta etapa, ahora puedes hablar con él más libre y abiertamente desde lo más profundo de tu alma.

Resuelva: Esta es la última parte del proceso meditativo y debe concluirse agradeciendo a Dios por todo lo que le ha bendecido y por su tiempo.

 

En resumen

La meditación cristiana consiste en enfocar la mente en Dios y cerrar la mente a todo lo demás. Si bien es una experiencia espiritual intensamente profunda, se debe tener en cuenta que no es un medio para la salvación. Al igual que la oración, la meditación cristiana es una mera forma de disciplina espiritual, un tipo más profundo de adoración y un encuentro más íntimo con Dios.

 

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